Atrapados por la ‘monitorización vital no invasiva’

Por Jonathan Valle, Delegado de protección de datos (Data Protection Officer) (DPD/DPO). Consultor RGPD/LOPDGDD/LSSI y docente experto en gestión legal de datos del Máster en Big Data y Business Analytics de ESESA-IMF del que Arelance es responsable de la Dirección Académica.

Tengo una edad en la que he podido experimentar el crecimiento exponencial en la gestión y transmisión de datos y cómo esta circunstancia ha cambiado la manera de interpretar nuestra realidad y nuestro entorno. Pues sí, nuestra manera de comunicarnos y transmitir datos modifica nuestra manera de afrontar la realidad, de analizarla y repercute en la toma de decisiones cotidiana. Y lo que es más interesante e inquietante:  otros saben cosas de nosotros que ni nosotros sabemos.

La mejor segmentación de la población en los años 80 era efectuada por las entidades bancarias que disponían de las primeras herramientas informáticas que les permitía a golpe de click diferenciarnos por nuestros ingresos, gastos y por los pocos datos fiscales de los que disponían. Es más, mucha de la información que obtenían sobre nosotros era proporcionada en formato papel y se trabajaba sobre ella con esfuerzo y muchísimo tiempo.

Pues no ha llovido nada… En esta era del BIG DATA, se mueven millones y millones de datos diariamente. Enviamos 188 millones de correos electrónicos por minuto y visionamos 4,5 millones de vídeos en YouTube en el mismo periodo de tiempo, por ejemplo.

Parece increíble, ¿verdad? En mi opinión, lo verdaderamente increíble no está en el volumen de datos, ni en la complejidad de estos, ni siquiera en su velocidad de crecimiento; lo ‘mágico’ radica en la capacidad que existe hoy de gestionarlos, procesarlos y analizarlos.

Y claro está, dentro de la propia operativa del BIG DATA, tenemos categorías de datos y tratamientos de todo tipo: del entorno web y social media, de tecnologías de conexión entre dispositivos (M2M), de grandes transacciones en las telecomunicaciones (BTD), entre otras. Sin duda, y será por mi interés profesional, las más importantes son las catalogadas como Biométricas y el resto de las generadas por los seres humanos (HG).

Te levantas a primera hora. Miras el teléfono; contestas vía WhatsApp; miras tus redes sociales; respondes a un e-mail urgente; entras a mirar esas zapatillas para runners que están de oferta (aceptas política de Cookies); coges el coche y activas el Google Maps para ubicar la reunión; pasas por una estación de servicio y llenas el tanque de gasolina y pagas con tarjeta de crédito y con tarjeta de fidelidad. Arrancas tu día laboral enviando ‘mini-paquetes’ de datos constantemente. Vas al gimnasio y te identificas con huella dactilar; activas esa aplicación fitness que controla tu frecuencia cardíaca y gasto calórico; vuelves a casa y pasas por un gran supermercado (vuelves a pagar con tarjeta y pasas la tarjeta de puntos). Regresas a casa. Te conectas a las redes sociales; entras en Netflix para ver una serie; vuelves a coger al teléfono y activas la alarma y …. ¡Vuelta a empezar!

Cientos de paquetitos diarios con datos de geolocalización, preferencias de compra, estilo de vida, de salud, son enviados a nuestros proveedores de servicios sin tener constancia real de ello. Es como estar “sedados” ante nuestro estilo de vida y como lo comunicamos constantemente; es lo que he dado en denominar LA MONITORIZACIÓN VITAL NO INVASIVA.

Esta denominación nos permite vivir en un ambiente donde la sensación de experiencia y satisfacción en nuestras actuaciones cotidianas se ve incrementada; en definitiva, es como que todo es más fácil y llevadero. Esta sensación de bienestar es directamente proporcional a la pérdida de privacidad sobre nuestra identidad. Ya no somos NI DUEÑOS NI LIBRES.

…. y todo gracias al BIG DATA.

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